¿Cuánto tiempo necesita mi hijo recibir terapia?

¿Cuánto tiempo necesita mi hijo recibir terapia? - Clinica META

Al iniciar un proceso terapéutico muchos padres hacen esta pregunta al profesional encargado del caso y en la mayoría de estos casos la respuesta que obtienen es ambigua, pues los terapeutas suelen responder con frases como las siguientes: “Es difícil determinarlo” “La cantidad de horas depende de cómo vaya respondiendo el menor a los procesos” “Puede llegar a ser un proceso largo o corto, si su pequeño avanza se pueden ir reduciendo las horas” Estas respuestas pocas veces brindan una explicación a los padres que muchas veces se preocupan debido al coste monetario que supone el mantener a un niño en terapia por tiempos prolongados o que desean ver reflejados de manera cuantitativa los logros y objetivos de sus hijos en la terapia.

Para poder analizar esta pregunta y poder brindar una respuesta satisfactoria necesitamos primero ahondar en el sentido detrás de las terapias y lo que se puede esperar de ellas. Es por eso que desglosaremos este blog en las siguientes partes

  1. ¿Por qué llevo a mi hijo a terapia? 
  2. ¿Cómo se determinan los objetivos en la terapia? 
  3. ¿Cuándo se le da “de alta” a mi hijo en terapia? 


Una vez que se tienen claras esas dudas los padres pueden llegar a determinar cuándo es viable o no retirar a sus hijos de un proceso terapéutico.

¿Por qué llevo a mi hijo a terapia? 

Muchos padres acuden a un centro terapéutico después de ser remitidos por una institución educativa u otro profesional de la salud y son conscientes que sus hijos tienen una serie de limitaciones que no les permiten integrarse de manera adecuada en los entornos donde se desenvuelven. Acuden al centro buscando brindar al menor de las herramientas necesarias para adquirir las habilidades que tienen sus contemporáneos, sin embargo, puede coexistir una idea errónea de “eliminar o reducir” el diagnóstico una vez que el menor avance en las terapias. Es decir, algunos padres pueden llegar a creer que el conseguir estas herramientas lograra que mi hijo sea “menos autista” “menos hiperactivo” etc. Y esto supone un error monumental. 

Ningún proceso terapéutico ético y profesional busca “eliminar” los diagnósticos que trae un pequeño, ni busca hacerlo igual que los demás niños de su edad. El verdadero objetivo es ayudar a el menor a alcanzar las mismas metas que sus compañeros por medio de rutas alternativas y brindarle el autoconocimiento para que comprenda y sepa manejar las limitaciones que puede llegar a suponer su diagnóstico. Por ejemplo: Si los compañeros de Manolo pueden trabajar solos en los ejercicios que se les asignaron, la terapeuta de Manolo buscará brindarle al menor las herramientas para que él también trabaje solo. Estas podrían ser: Colocarle temporizadores con periodos de tiempo de trabajo y de descanso, enseñarle a distinguir qué problemas puede resolver solo y en cuáles necesita apoyo del docente, brindarle una guía de pasos en caso de errores o frustración, colocarle ayudas visuales para realizar los ejercicios, etc. 

En este ejemplo podemos ver como la terapeuta le enseña a Manolo a llegar a la meta por medio de otros canales que sus compañeros probablemente no necesitan, y además le permite auto conocerse y regularse pues toma en tiempo que los periodos de concentración de Manolo pueden ser más cortos y es por ello que necesita señales auditivas que le marquen sus tiempos de trabajo y sus tiempos de descanso. Y es con este ejemplo que abordamos la segunda pregunta:

¿Cómo se determinan los objetivos en la terapia?

Debido a lo último que platicamos tenemos claridad en que los objetivos deben estar determinados de acuerdo a la edad que tiene el menor que asiste al centro y la utilidad que tendrán en un entorno cotidiano. Los objetivos en terapia se priorizan de acuerdo a que tan funcionales le serán al menor en su día a día para poder obtener aquello que desea, darse a entender u obtener control de una manera socialmente asertiva. 

Niño autista no sabe jugar

 

Analicémoslo con un ejemplo: Mario, un niño de cinco años, es diagnosticado con autismo no verbal, le cuesta seguir instrucciones, no sabe utilizar juguetes, no reconoce los animales, colores, formas, etc. Tiende a ser violento y es propenso a tener berrinches cuando no se le dan las cosas que él quiere. En el preescolar manifiestan que no logra prestar atención o estar sentado cuando la maestra brinda información. ¿Cuál debe ser la prioridad de la terapeuta? ¡Correcto! El lenguaje ¿pero que se le enseña a decir primero? ¿Los animales? ¿Las frutas? La primera palabra que se le debe enseñar a un menor es aquella que le ayudará a expresar lo que necesita, por lo tanto, una buena meta sería enseñarle a decir “Dame” o “Quiero” antes de enseñarle a decir “Perro” o “Gato” pues con esta palabra podría expresar sus necesidades con mayor facilidad. 

Siempre que fijemos un objetivo debemos tener estas preguntas presentes: 

  1. ¿Al niño esto le será útil? 
  2. ¿Es una habilidad que podrá practicar en el día a día? 
  3. ¿Es algo que los padres o terceros pueden entender sin necesidad de un entrenamiento profundo? 

Si las respuestas a estas preguntas son negativas, tal vez es momento de pensar en otro objetivo. Y finalmente pasamos a nuestra tercera y última parte: 

¿Cuándo se le da de alta a mi hijo en terapia? 

En esta última sección influyen fuertemente dos factores: 

  1. La edad o la rapidez con la que se inició una intervención 
  2. La integralidad del equipo o terapias que recibe el menor 

 

La edad influye pues entre más tiempo se deja pasar mayor es la brecha que se tiene que trabajar. No es lo mismo trabajar con un pequeño no verbal de dos años cuya brecha de lenguaje es de unos cuantos meses a un menor no verbal de cinco años cuya brecha ya es años. Por lo tanto, podemos deducir: A mayor tiempo sin apoyo, más difícil será que el menor prescinda del servicio terapéutico a lo largo de su vida. 

Así mismo cuando un área se encuentra limitada, las repercusiones no se quedan en esa única área, si no que son varias las áreas afectadas, por lo que es probable que un menor necesite de un equipo de profesionales que le atienda. Por ejemplo: Si un menor tiene deficiencias en lenguaje se le hará difícil seguir instrucciones (pues carecerá de varios conceptos) socializar (pues el juego social suele requerir de la conversación) o crecer académicamente (se la hará difícil prestar atención o participar académicamente) Este chiquito llegará a ocupar apoyo de varios profesionales como ser: Terapeutas ocupacionales, patólogos de lenguaje, psicólogos, y neurólogos. 

Todos estos profesionales tendrán como prioridad el ayudar a que el menor desarrolle las habilidades de sus pares y hasta que ese momento llegue le darán de alta. 

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