Mi hijo llora en terapia ¿Es normal?

Mi hijo llora en terapia ¿Es normal? - Articulo de Blog - Clínica META

Es común ver que una madre logra entender a su hijo a través del llanto, pues muchas de ellas pueden distinguir lo que el menor está comunicando por medio de él. Es sorprendente cuando una madre afirma “Ese es un llanto de dolor” a “Ese es un llanto de pañal” o un “llanto de cólera”. En el caso de menores que tienen alguna condición de base que les limita el poder conversar o simplemente cuando el menor no habla, el llanto se puede volverse una herramienta de comunicación y es frecuente que las madres experimenten algún tipo de ansiedad cuando el menor llora pues saben que es la única herramienta que tiene para expresar sus necesidades. Sin embargo, este tipo de pensamiento puede ser un arma de doble filo, pues puede llegar a crearse la idea que el menor “No debe de seguir llorando” y llevar a las madres a hacer todo lo posible por detenerlo. 

¿Qué expresa un llanto de un niño que no habla?  

Como hemos mencionado anteriormente cuando un niño no habla el cuerpo suple y se buscan maneras de satisfacer necesidades por medio de otros medios que no sea el lenguaje. Cuando un menor no verbal llora su llanto puede expresar una amplia gama de sentimientos, desde tristeza y dolor, hasta frustración y súplica. Interpretar todos los llantos como sufrimiento deja del lado una consideración importante como la siguiente: Este llanto podría ser un súplica del menor a que le ayude a enseñarle esta habilidad. 

Veámoslo con el siguiente ejemplo: Mauricio de tres años es un menor no verbal, que cada vez que sus padres le dicen que no le pueden dar chocolates hace berrinches, los padres que sienten pesar, pues saben que su hijo está limitado y además les preocupa lo que puedan pensar los demás de su hijo y de ellos, tienden a ceder y brindar el chocolate “para calmarlo y que no sufra”. En este ejemplo el llanto se visualiza desde una perspectiva de “sufrimiento y lastima”, lo cual puede ser dañino para el menor. Lo ideal sería verlo con un enfoque de una oportunidad de enseñar, pensando mejor “Debería enseñarle a mi hijo a que pueda esperar un poco antes de recibir el chocolate para enseñarle a regular sus emociones. Voy a enseñarle a que siga mis dedos mientras cuento a tres y en cuanto termine se lo brindare” Este tipo de pensamiento es beneficioso porque brinda herramientas al menor y convence a los padres que los menores son capaces de muchas más cosas de las que creen. 

¿Por qué llora un niño en terapia?

Ya con las ideas anteriores claras, podemos analizar esta pregunta: ¿Por qué un niño llora en terapia? La mayoría de las veces el llanto se debe a la frustración y puede constituirse como un llamado de ayuda de parte del menor. ¿Por qué? La frustración puede estar ocasionada por la dificultad de los ejercicios que se presentan pues en terapia se le exige al menor que aprenda nuevas habilidades que tienen un nivel superior de dificultad al que puede estar acostumbrado y con el llanto le pide al terapeuta que le ayude o que le enseñe a conseguir aquello que necesita. Así mismo, en casa es común que las reglas o las pautas sean más flexibles, sin embargo, en un ambiente terapéutico las normas son más rígidas (por ejemplo, en casa podemos tener un juguete en mano todo el tiempo, pero en terapia que se necesitan ambas manos para trabajar no lo puedo tener) 

Niño autista no sabe jugar

 

Además de esto hay otros factores externos que pueden generar mayor frustración en el entorno terapéutico. Algunos de ellos pueden ser: uso extendido en pantallas, falta de sintonía entre el manejo de casa y el de terapia, inconstancia en asistir a las sesiones de terapia, necesidad de otras terapias además de la que está recibiendo el menor, medicamentos que ingiere el menor que tienen como efecto secundario agresividad, etc.

Entonces ¿es normal el llanto?

Durante las primeras semanas que un niño empieza una intervención puede ser normal que se presente el llanto porque el menor se está adaptando a las nuevas limitantes, normas o habilidades que debe adquirir. Este periodo de adaptación varía según cada menor, algunos pueden llorar solo las primeras dos sesiones y otros pueden llegar a llorar hasta los primeros tres meses. No existe un estándar que defina cuánto tiempo puede demorar un niño en adaptarse por lo que es difícil para un terapeuta decir cuando se detendrá el llanto de un menor mientras se adapta. 

Otro factor a considerar es que cuando se inicia una intervención conductual es común que la conducta empeore un poco antes de mejorar, esto se llama “Estallido de extinción”, y es algo completamente comprensible. La conducta empeora porque el menor que está acostumbrado a conseguir las cosas por medio de esa conducta de repente se percata que ya no le funciona y busca como hacer para conseguirla, lo cual lo lleva a llorar más o ser un poco más violento. Sería al equivalente cuando uno de adulto se percata que el control remoto no funciona y en lugar de cambiar las baterías de inmediato presionamos más seguido el botón o le damos un par de golpes al remoto esperando que funcione. 

El llanto en terapia puede ser algún que sucede y no necesariamente implique que el menor está sufriendo, sin embargo, es importante que se cumplan con algunos criterios para estar seguras que el menor realmente no esté sufriendo en la terapia o que el terapeuta realmente esté ayudando al menor. Estos son: 1. El terapeuta debe saber porque llora el menor y poder anticipar a los padres cuando el menor va llorar (es decir antes de comenzar la terapia el terapeuta puede decir a los padres “Creo que la sesión de hoy será dura porque comenzaremos una nueva actividad) 2. El terapeuta no “espera nada más a que se le pase” si no que sabe brindar las herramientas para ayudarle a superarlo. Y 3. El terapeuta tiene un canal de comunicación abierto con los padres para poder brindar estas explicaciones.

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¿Cuándo el llanto es una señal de alarma?

La preocupación de que el menor este sufriendo en la terapia siempre es una posibilidad y por eso es bueno considerar las señales de alarma que pueden estar relacionadas con el llanto: 

  1. El menor rechaza ir al lugar de terapias por un tiempo prolongado (Es normal que cuando se hagan cambios de actividad el menor rechace ir por un par de semanas, pero no sería usual si esto persiste por un periodo de varios meses) 
  2. El menor evita o rechaza a la terapeuta con la que está trabajando (El menor busca alejarse de ella, o se esconde cuando la ve) 
  3. La terapeuta se niega a reunirse con los papás o no puede dar explicación sobre el comportamiento del menor (A los padres les manifiesta ideas como “No, es que es un malcriado y tiene que aprender a superarlo” o “El niño tiene que dejar de manipularlos de esa manera, y si tiene que aprender llorando pues ni modo”) 
  4. A pesar del llanto no se ve un avance en ninguna de las áreas esperadas después del plazo de un año. (Esto puede ser señal que la persona carece de los conocimientos necesarios para manejar la parte conductual del menor y que esto está afectando la eficacia de las sesiones) 

En estos casos no necesariamente estamos presenciando casos de violencia o maltrato en las sesiones, pero si falta de una conexión apropiada con la terapeuta y puede necesitar remediarse con unas cuantas sesiones lúdicas antes de continuar con la intervención.

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